Group of friends enjoying a joyful toast with wine glasses on a sunny day.

Por qué las mejores comidas del verano nunca ocurren con prisa


Hola, soy Willy Moya, chef del restaurante Poncio, en Madrid, recomendado por la Guía Michelin.

Hay algo curioso que ocurre cada verano. Las mismas personas que durante el resto del año viven pendientes del reloj, de las reuniones y de las obligaciones, de repente encuentran tiempo para sentarse a una mesa durante horas.

Y no es casualidad.

Porque las mejores comidas del verano tienen algo en común: nunca ocurren con prisa.

No suelen ser las más sofisticadas. Tampoco las más caras. Ni siquiera las que tienen los platos más elaborados. Lo que las hace especiales es otra cosa.

El tiempo.

Durante el año comemos demasiado rápido. Muchas veces sin prestar atención. Terminamos un plato mientras pensamos en la siguiente tarea. Miramos el móvil. Contestamos mensajes. Nos levantamos antes incluso de haber disfrutado de lo que acabamos de comer.

En verano ocurre justo lo contrario.

Las conversaciones se alargan. Las sobremesas aparecen sin que nadie las planifique. Una copa lleva a otra conversación. Un plato lleva a otro recuerdo. Y cuando uno se da cuenta, han pasado tres horas alrededor de una mesa sin mirar el reloj una sola vez.

Para mí, ahí está la verdadera esencia de la gastronomía.

Porque cocinar nunca ha sido únicamente alimentar.

Si así fuera, cualquier comida cumpliría su función.

Pero una buena comida es mucho más que eso. Es una excusa para reunirnos. Para hablar. Para escuchar. Para compartir historias que probablemente no aparecerían en ningún otro lugar.

Por eso siempre he pensado que las sobremesas son casi tan importantes como los propios platos.

Un plato puede estar perfectamente ejecutado, pero si se come deprisa, pierde gran parte de su sentido. En cambio, una comida sencilla compartida con las personas adecuadas puede quedarse en la memoria durante años.

Y eso es algo que el verano nos recuerda constantemente.

Quizá por eso muchos de nuestros mejores recuerdos están asociados a una mesa. A una comida familiar. A unos amigos de vacaciones. A una conversación que empezó después del postre y terminó cuando ya había anochecido.

No recordamos exactamente todo lo que comimos.

Recordamos cómo nos sentimos.

Recordamos quién estaba allí.

Recordamos la risa, la conversación y el momento.

Y cuando eso ocurre, la comida deja de ser simplemente comida para convertirse en una experiencia.

Por eso me gusta tanto el verano.

Porque nos obliga a bajar el ritmo.

Y cuando bajamos el ritmo, volvemos a disfrutar de algo tan sencillo y tan importante como compartir una mesa.


¡Te esperamos en Poncio!

Charming outdoor table adorned with floral plates, glassware, and lush greenery, perfect for a cozy gathering.

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